domingo, 23 de septiembre de 2012
Zavaros
En un momento de mi vida me sentia feliz,
Me sentia fuerte y lleno de amor...
lleno de tristeza y ganas de huir.
Tenia una fuerza, una compañera incondicional,
esa incondicionalidad me hacía sentir fuerte,
me hacía sentir seguro, me hacia sentir eterno.
Aunque sea eterno para ella, pero mis pies tocaron fondo
cuando drasticamente sin yo pensarlo ella habia muerto,
yo había muerto, habiamos muerto, o resucitado.
El vacío a pesar de ser el mejor maestro es el espectro más temible,
amedrenta y acribilla sin cesar, sin cesar y sin cesar...
porque el carrusel en mi cabeza me hace vomitar
y aunque este sentimiento ya me había apagado antes,
ahora me enciende de nuevo.
Y doy vueltas y vueltas a la cuadra viendo a ver que veo,
sea desde la casa de un amigo, de un vecino, no tengo propia.
Porque sé que con cada balazo, con cada piedra,
mi alma se despierta más, y lo odio... y lo amo.
Amaba no sentir nada, odiaba no sentir nada...
Ahora amo sentir, y odio sentir a la vez,
porque nunca soy feliz, nunca soy pleno ni total,
nunca, pero a pesar de todo esto,
por lo menos ahora siento y sé que estoy vivo,
y poco a poco, hilo a hilo, se sueltan las amarras
y podré... estar confundido con algo diferente.
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